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Oscar González
Oscar González
UX/UI Designer

¿Qué es el síndrome del impostor?

24 de June de 2019
1 minuto

¿Alguna vez has pensado que no eres lo suficientemente bueno en tu trabajo, que simplemente has tenido suerte de llegar a donde has llegado o que algún día alguien se dará cuenta de que no vales como profesional? No eres el único.

El síndrome del impostor es un término psicológico el cual se refiere a un patrón de comportamiento en el que las personas dudan de sus logros y tienen un temor persistente a exponerse como un fraude. 

A pesar de tener pruebas externas de sus logros, las personas con síndrome del impostor siguen convencidas de que no merecen el éxito que tienen.

Cuando hablo de éxito no me refiero necesariamente a ser el CEO de una empresa o una estrella de Hollywood, simplemente al hecho de que reconozcan tu trabajo por pequeño que pueda parecerte.

Este comportamiento inseguro no ocurre solo durante los primeros años como profesional, sino que puede continuar a lo largo de toda tu carrera. Además también podemos encontrarnos estas inseguridades en el ámbito académico o social.

A todos nos puede afectar el fenómeno conocido como ignorancia pluralista, el cual se produce cuando  dudamos de nosotros mismos en privado y, como consecuencia, creemos que somos los únicos que pensamos de esta manera. Pero no somos los únicos. Lo cierto es que, incluso perfiles de la talla de la activista Maya Angelou, poeta y novelista, o la graduada en psicología por la Universidad de Harvard, oscarizada actriz, directora y productora Natalie Portman, entre muchos otros, han confesado sentirse como fraudes.

La raíz del síndrome del impostor es el desarrollo de una imagen preconcebida sobre como son realmente otras personas. Nos sentimos como impostores, no particularmente por nuestros defectos, sino porque no logramos imaginar cuán imperfectos somos todos.No pensamos en lo duro que puede haber trabajado alguien para obtener ese resultado final que llega al público, o lo difícil que se le ha podido hacer al encontrar ciertos obstáculos en el camino.

El síndrome del impostor evita que corramos ciertos riesgos por miedo a no estar a la altura, y en muchas ocasiones, nos hace trabajar por debajo de nuestro potencial o incluso sentir que simplemente es mejor no intentarlo.

Dentro del sector creativo es muy frecuente encontrarnos con este problema: navegamos por la web y nos encontramos con todos esos proyectos tan bien pensados, tan bien resueltos, originales, actuales… y nos decepciona la idea de no haberlo hecho nosotros. Pero, cómo no, obviamos todo lo que hay detrás: la gente que ha colaborado mano a mano para conseguirlo, el tiempo o los recursos que se han necesitado. Simplemente nos quedamos con la duda o incluso la certeza infundada de que no seríamos capaces de haberlo hecho nosotros, de que no somos válidos. 

Trabajamos en un ambiente donde se espera que seamos originales, innovadores, resolutivos, que reconozcamos las necesidades de nuestro usuario, del cliente y de la propia empresa, que propongamos las mejores soluciones en tiempo récord y que seamos diez perfiles diferentes de creativo todo en uno. Hemos evolucionado para ser capaces de todo ello.

Sin embargo, no podemos olvidar que no somos máquinas, y es ahí donde precisamente reside nuestro valor, en el hecho de que al ser creativos somos capaces de empatizar con el usuario, entender el problema y ofrecer soluciones. No podemos pretender sistematizar procesos que nunca son iguales entre un proyecto y otro, exigirnos esto a nosotros mismos y no alcanzar el objetivo. Esto no nos hace ser impostores, sino humanos.

También hay que reconocer que encontrarse con ofertas de empleo con el título de “Buscamos unicornio” no ayuda.

Ser consciente de la existencia de este síndrome no hace que desaparezca, pero hablar de ello si que ayuda a combatirlo. 

En mi caso, a nivel profesional como diseñador, intento enfocar estas inseguridades de una forma constructiva hacia mi trabajo, y aunque no sea capaz de aceptar un cumplido hacia lo que hago o me de vergüenza enseñar mi trabajo a otros, me desafío a mi mismo para llegar a ser mejor. Puede que después llegue la fecha de entrega y ya no quede otra que dejarlo ir, sabiendo que aunque crea que podría haberlo hecho mejor, habré hecho lo mejor que he podido con el tiempo y recursos de los que disponía.

Al fin y al cabo, tampoco podemos ignorar las limitaciones externas a nosotros mismos y los diferentes factores que existen a la hora de realizar un proyecto. Por ejemplo, una web de bajo presupuesto diseñada en una tarde nunca será lo mismo que una web en la que se ha trabajado durante meses.

Siempre es importante aprender de los errores y verlos como una oportunidad de mejora y superación. En mi opinión el hecho de cometer errores, identificarlos y arreglarlos supone una parte importante de nuestro crecimiento profesional y personal.

En definitiva, el síndrome del impostor afecta a muchos, pero eso no quiere decir que realmente lo seamos. Pero es importante ser conscientes de ello y saber que incluso nuestras inseguridades pueden ser explotadas en beneficio propio.

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